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2009-07-10

· Inser

Aquella vez hablaba con Oliver durante una exposición. Elba y Yuliana –integrantes del equipo expositor– me contaron que tanto la profesora como ellas se distraían. Ni ellas ni la profesora se decidían a quién poner atención. La profesora miraba al equipo y luego nos miraba conversar; ellas nos veían a nosotros y luego al resto de la audiencia. Si algo me gusta de esa clase, es el salón un poco más reducido que los otros, y la escasa luz que penetra al aula cuando hay una exposición y apagan las luces y cierran la puerta. También me gusta hablar con Oliver.
El tema de exposición, si no mal recuerdo por haber estado platicando, era diversidad sexual. Lo que bien recuerdo es aquel fondo colorido, con los colores de la bandera gay. El mismo fondo acompañó a todas las diapositivas –todas las que miré, al menos–. “Tendré sueños con ese fondo”, le dije a Oliver. En cierto sentido era subliminal. La exposición hablaba de diversidad y se limitaron a una bandera. Los bisexuales tienen su bandera también.
Como en otras exposiciones, mi compañero y yo hablábamos sobre el tema. Olivergas –así es su dirección en MySpace– dice cosas que captan mi atención. Siempre pensé que él era interesante. Recuerdo que dije eso cuando la profesora Yeny nos puso a describir a algún compañero. A mí me tocó Oliver. Lo describí por sus opiniones, son igual que él… son sus opiniones. Cuando en el salón hay debates, muchos participan. Hay opiniones que me gustan escuchar: las que dicen Kyoshi, Viviana, Alex, Fernando, y otros… como Oliver. Otras opiniones me gusta ignorarlas. Cuando el debate carece de interés para mí, prefiero salir e ir a la sala de lectura, a perderme en algún libro, revista, juego de mesa, lo que sea es mejor. Pero siempre espero un rato a las opiniones de esas personas. Yo pensaba que Oliver era interesante porque sus opiniones son de las que me gusta escuchar. Cuando lo describí no dije mucho; sólo que era interesante. En aquel entonces no le hablaba tanto como hoy. No fue si no hasta la feria del libro, donde hicimos el servicio social, cuando comencé a conocer un poco más de él.
Desde entonces, me ha tocado estar sentado a lado de él en muchas exposiciones. Siempre tiene algo que decir, algo interesante. Me dice su visión, y suele preguntarme qué es lo que pienso. A mí me gusta escuchar, y me gusta pensar; pero casi no hablo. También me gusta escribir. Soy algo crudo al decir lo que pienso, lo desvío con algún chiste o comentario que busca evitar decir todo lo que por mi mente transita, a veces mucho, a veces nada.
No es que las haya contado, pero van 6 veces que me hace la misma pregunta. Le gusta hacer esa pregunta e intercambiar opiniones sobre ello. Inicia: “Me cae bien «nombre de la persona». Es «la describe». ¿Tú qué piensas?”. Entre las 6 veces, me ha preguntado 2 veces por Kyoshi. Cuando describe a alguien, dice algo bueno. Todos le caen bien. Cuando otros describen a alguien, son “críticas constructivas agresivas”, que sólo ven defectos en las personas. Quizá por eso me agradan sus visiones, en cierta forma se parecen a las mías: intentan ver el lado bueno de todo.
Durante aquella exposición se quedó soñando. No hablamos mucho sobre diversidad sexual sino hasta que la exposición acabó y él despertó. Entonces, súbitamente hizo un comentario que a mi parecer no venía al tema. Lo hizo como si aún hubiera estado dormido y se despertara de un brinco y parlara: “me gusta que me describan. Me gusta saber qué piensan de mí. Me gusta pensarme a mí mismo”. Había leído sobre ello y es de lo que más pienso en estos tiempos. En ese momento en que la pregunta me parecía “x” en relación al tema, sólo dije: “a mí también”.
Odio los a mí también. Detesto que la gente haga los a mí también. Les dices algo y te contestan: “¡Oh! A mí también me ha pasado…”, “La otra vez yo…”, “Como cuando fui a…” y cosas similares. Pareciera que ni ponen atención a lo que dices. Hace mucho compartí algo con una persona, era algo importante para mí. Sólo quería compartir lo bien que me sentía, quería que nos sintiéramos bien con lo que me había pasado y lo único que hizo fue un a mí también. Quizá por esas circunstancias odio los a mí también y no comparto.
Ese mismo día iba en el camión, estaba pensando y disfrutando del embriagante olor que emana una fábrica. Antes olía a palomitas con mantiquilla; ahora su olor es distinto, es como una masa que expide un aroma que tranquiliza a los estudiantes y trabajadores que van en el camión. Tan así es que ya no pensaba ni olía nada. Y de forma improvista recordé lo que Oliver dijo: “me gusta que me describan. Me gusta saber qué piensan de mí”. El comentario llegó de la misma forma en que Oliver lo dijo. Yo estaba soñando por efecto de aquel aroma y desperté con el comentario. Lo recordé por culpa de aroma.
Hasta entonces lo pensé de esta forma. Oliver me había preguntado 6 veces qué pensaba sobre ciertas personas; pero ninguna de las 6 había sido él. Quizá su comentario era su forma de preguntármelo. Por eso vino de la nada, por eso no tenía qué ver con el tema y por eso no me di cuenta. Aún no se lo he dicho y tampoco es mi intención escribirlo (aunque ya dije un buen), ya habrá oportunidad. Sólo pensé en que dije un a mí también y en cuanto los odiaba.
Y pensé en por qué utilicé el a mí también. Los utilizo cuando no tengo algo qué decir; pero en aquel momento dije algo. Es también una forma de decir no me interesa; pero a mí me interesaba su opinión, y quería escucharla. Quizá los otros también odien los a mí también, y si yo digo uno dejarán de hablar; pero yo no quería que Oliver se callara. Odio que usen los a mí también; pero no puedo odiarme a mí mismo. Odio los a mí también y por eso los uso, porque soy quien no es. Es como un problema de identidad por el que todos pasamos. –Después leería a R. Covey y entendería que los a mí también son una de las mejores formas de no comprender al otro–.
Además del a mí también, recuerdo que comenté que cuando una persona describe a otra puede no ver nada. Pero la realidad es muy subjetiva en ese sentido. La opinión de otros expresa la realidad de ellos. Si dicho punto de vista cambia nuestro parecer, entramos en una realidad compartida. Y días después leía un cuento de Juan Villoro, Amigos mexicanos, se llamaba. Hubo cierta coincidencia entra la plática y un párrafo que inevitablemente me hizo recordar lo que dije.
“Me puse los zapatos y crucé la calle. Samuel Katzenberg estaba junto a la esfera de cemento. Se veía más delgado. A pesar de la oscuridad, sus ojos reflejaban angustia. Abracé su camisa de cuadros. Él no esperaba el gesto. Se sobresaltó. Luego, como si apenas ahora aprendiera a hacerlo, puso sus manos en mi espalda. Lloró, con un hondo gemido. Un hombre que paseaba un afgano se alejó al vernos”.
Cualquiera que haya sido la visión del hombre que miró la escena, y cualquiera que sea de alguien que no ha leído el cuento, seguro es ambigua o incierta. Aquí es cuando pienso en que las acciones no son más que las representaciones físicas de las emociones. Bien se dice: “la intención es lo que cuenta”. Todo lo exterior carece de sentido por sí solo, cada cual le otorga un significado –ya sueno como Daniela–. Lo cierto es que no soy compartidor de realidades. Quizá es por eso que cuando me preguntó sobre Kyoshi en las dos ocasiones, solamente reafirmé su opinión, y quizá por ello no describí a ninguno.
Inicié hablando de Oliver y terminé hablando de mí. Es otra forma de utilizar los a mí también. Podría justificarme como dice Daniela: “al mirar a los demás, irremediablemente nos volteamos a ver a nosotros”; pero no quiero hacerlo, quiero hacer admisible el acto para después analizar, analizar todo sobre mí. Me alegra que las vacaciones hayan llegado. Será un tiempo dedicado a mí, a lo que seré, porque planeo ser quien es, algo real para mí.



3 comentarios:

Carla dijo...

Como a todo mundo le gusta que lo describan tambien a tus palabras les deben gustar que las describan:

Siempre dejan una reflexion, te permiten pensar y dejar algo que decir.Es muy buena la forma que trasmites conocimientos fantásticos junto con opiniones, puntos de vista para ver las cosas y por supuesto una reflexion.

***

De vez en cuando sin darnos cuentas hacemos todo lo que odiamos o volvemos a repetir los errores que cometieron otros.Pero es bueno hacer todo aquello para aprender ,conocer y experimentar.No te preocupes si utilizas el " a mi tambien" porque es la mejor forma de relacionarse en ciertas situaciones aunque no sean del todo comodas.El •" a mi tambien" significa que tenemos intereses en comunes y ademas de ser original lo igual tampoco esta mal.

***

Jaja nunca supe que los gay o homosexual tubieran bandera xD Pero es un lio , no entiendo porque han hecho tantas volteretas

***

Un beso,

Suerte!!
Hermoso texto el de hoy ¡

=)

Camaleona dijo...

Para mí el verano siempre es el punto y aparte... más que el fin de año... el verano es una puesta a punto es la lista de intenciones es la mirada hacia el interior y la mirada hacia el futuro...
Me encanta el dibujo del post.
Por otro lado... buscaré nuevas fórmulas cuando yo también quiera hablar... intentaré no utilizar "a mí también" nunca más...

Carina Felice dijo...

los "a mi tambien" conducen a quien no te esta ni escuchando, ni viendo.
Un abrazo desde mi Lente, desde Buenos Aires congelado, pero cercano a tus letras K!!!!

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Edgar Hernández. Tecnología de Blogger.