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2009-08-14

· Aquí crecen los sueños

Hay un lugar en la UABC, entre el centro de cómputo, un edificio de química e ingenierías y el gimnasio. A mí me gusta llamarlo El museo de los árboles uabcenses, porque ahí, en el pasto, rodeados por una muralla de plantas de jardín, se encuentran en fila cual soldados, estos árboles que crecen tan alto como los sueños. Hasta el cielo. Ahí, los jóvenes pasan el rato. Platicando, durmiendo, fumando, con la pareja, mirando al cielo y jugando a encontrar figuras en las nubes y demás. Cuando están ahí se sienten cómodos, de alguna forma, como protegidos por los árboles que detienen la furia de viento y otras malezas de la vida. Pero ahí también nacen y crecen sueños. Hay uno, tan grande como los árboles, que no se ha realizado.
Este sueño pertenece a un can, un can que lo único que deseaba era dejar de serlo y ser ardilla. En sus ojos, grandes, muy redondos y limpios puedo ver su historia:
Desde pequeño, este perro vivió aquí en la universidad, rodeado de las ardillas y personas. Fue por mucho tiempo el único perro en el lugar y se crió principalmente con ardillas. Es un can con mente de ardilla, pues su comportamiento tiene mucho de ardilla y poco de perro, así por ejemplo, persigue bellotas y no pelotas, como lo harían sus iguales. Y el perro tenía un único deseo: abandonar su cuerpo canino y ser “una ardilla de verdad”. Para ello, tenía un plan.
Ahí, en El museo de los árboles uabcenses, algunos estudiantes con bata alimentan, a veces intencionalmente y a veces no, a las ardillas. Este genuino perro considera celestiales a aquellos entes con bata color blanco, brillante, reflejando la luz natural. Cree que son los Dioses de las verdaderas ardillas. También cree que, consiguiendo una bata, a forma de tributo, los Dioses le otorgarán un cuerpo ardillezco.
Cuando los seres con bata alimentan a sus acólitos, Gárgola los observa. Gárgola, así llamo a este perro, porque, cuando esto sucede, contempla atento, enfocado, inmóvil, apenas parpadea y sus pupilas se dilatan poco pero lo suficiente para notarlo. No espera a que lo alimenten, tampoco caza sigilosamente a su presa, sino que aguarda a que un Dios se enamore de una mortal y por amor abandone su bata, para así cogerla con su boca y realizar su sueño.
Ahí se germina su sueño, pero también el de otros. El de quien quiere ser licenciado, doctor, arquitecto, ingeniero y tantos más. Crece el sueño, de todos quienes quieren crecer tan alto como los árboles. Hasta el cielo.

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Trabajo escolar para la clase de Crónica urbana.
Elementos: perro, ardilla, bata.


7 comentarios:

Angus dijo...

Un texto genial. Brutal y complejo. Me gusta.

Carina Felice dijo...

Kappie...a esos arboles quisiera yo fotografiarlos! Y si Gargola se cruza por mi Lente, lo publicamos tambien, te parece?
Un relato de encanto. generaste un gran clima. Me gusta mucho!un abrazo desde mi sur.

ale dijo...

Me encanto¡¡¡¡¡
Saludos excelente tarde

Carla dijo...

Mira hasta que punto llegan los sueños no?la gente desea desea ..y hasta las ardillas y los canes también lo hacen.
Y para quienes se cumplen? Para todos!
Precioso… como el sueño que tuvo Gargola.

BSS!

Adela Mizrahi dijo...

Gracias por leerme.
Me gusta tu escrito.
Besos
Adela

Alhy dijo...

¡Que ternura!

Gargola no sabe que es potencialmente un arbol en forma de semilla, y que, si quiere, podria alcanzar todas las formas: la del cielo, la de bata y la de ardilla ;)

Kisses soñadores ***

Camaleona dijo...

Me encanta saber que con esas tres palabras se podrían inventar millones de historias. Algunas se parecerían, pero la tuya es original y diferente, mezcla lo imposible y le das un toque de esperanza.

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