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2009-08-07

· Atrás

Quince minutos aproximadamente, quince minutos en la parte trasera de mi casa. Mi casa es muy pequeña y la parte de atrás también. Domingos son días en que la familia sale; yo salgo el sábado y despierto al mediodía del día siguiente. Me despierto con flojera y me levanto con entusiasmo, porque sé que todos salieron, y eso implica que debo limpiar la casa y disfrutarla en ese estado hasta que los demás lleguen. Pero hoy me quedé afuera por quince agradables minutos.
Nunca lo había hecho, pero había un ambiente que me decía “quédate, sé que aquí atrás el espacio es muy reducido; pero dale oportunidad al lugar que siempre ignoras, te puede ofrecer mucho: en la esquina está el boiler y a su lado un lavadero y una lavadora. Enfrente está un gas y a su lado las cosas que ya no necesitan… y a un lado la basura. Además, aquí suelen pasearse las moscas y los gatos. La vecina de atrás canta seguido y cuando sales, su bebé te observa, como un real reality show atrás de tu hogar”.
Qué más da. Vivo en una privada, entre casas pequeñas y pegadas, así que, desde la parte de atrás sólo puedo ver la parte de atrás de las casas contiguas y las que están atrás de mi casa. Obviamente aquella voz era hábil, sabía que me embobo mirando volar a las moscas de un lado a otro como si en eso consistiera su vida, y que me gusta alimentar y ver saltar a los felinos y saber lo que canta la vecina. Y luego el aire fresco azotando mi rostro, lo cual es más que agradable cuando hace calor. Fue la excusa final que hizo que me quedara.
Mi casa es la número 30, y a dos números, en la 28, casi vive Salvador –vive más en casa de su novia–, quien a juzgar por su indumentaria, trabaja en algo relativo a la seguridad: guardia o policía. Me llegaron rumores sobre que Becky, su pareja, obtuvo un abdomen plano tras usar un producto de esos que anuncian en la televisión; su panza arrugada ya no existía y el móvil de su hija está lleno de sus fotos mostrándolo. Ella vive en la 23, y desde hace unos días escucho a Salvador aporrear fuertemente la puerta de su casa.
Obviamente yo tengo una teoría: están innovando su vida amorosa. Creo que Becky contacta a Salvador como un policía, pidiendo ayuda, –de ahí el aporreo–, él la rescata y es como la primera vez, cada noche una rutina distinta. Aquel domingo alcancé a ver la cabellera de Salvador tras la barra que divide cada casa. Frente a él se asomaba y escondía la base de una botella de cerveza, y enfrente de ambos, en la otra barra divisora, posaban elegantemente otras botellas. Una botella por cada juego entre él y su novia, y Salvador estaba pensando el siguiente. ¿Quién dijo que el licor destruye relaciones?
De pronto, el cabello de Salvador señaló hacia arriba, hacia el gato que caminaba por la pared que nos separa de la otra privada. Reconocía al felino porque le tomé una foto un tiempo atrás. Por aquí se pasean muchos gatos, todos similares: pelaje beige con tonos cafés, ojos azules y habilidad para maullar por las noches e interrumpir el descanso de algunos vecinos. Por eso los odian… es una razón, otra es por que dejan su pelaje en todos lados. A mí me molestaban porque destruían las bolsas de basura, pero resolví el problema arrojándoles comida lejos de ellas, y ellos van tras el manjar. Lo hacen con precaución, creo yo; pero son bastantes sociables, debería rotularlos y entrenarlos para un coro de gatos nocturnos. Serían lo contrario de los gallos: ellos cantarían para dormir.
Pensé: ¿será que los gatos son los cupidos encargados de la vida amorosa de las personas aquí? Tenía mucho sentido, de la 20 hasta la 29, los gatos caminan y saltan, saltan y caminan y pasan con satisfacción las casas en las que habitan parejas felices, pero luego llegan a la 30 y destruyen las bolsas en las que deposito la basura… Es la señal y no podía ignorarla, así que en el mismo momento conseguí pareja.
Blokita es uno de los bloques que conforman la barda que divide nuestra privada de la privada de atrás, y su mancha singular dejada por el agua, cual si marcara alguna frecuencia de forma gráfica, la destinó como mi novia. Supongo que Blokita es mi amor de verano, mi amor grisáceo y con un gráfico, rectangular y poroso. Carecía de algún defecto. También supongo que debo ser la envidia de los bloques que la pretendían, pero así es la vida.
La reciente relación fue interrumpida por el timbre, tocado por un cliente que ansiosamente pedía un helado. Los timbres sí destruyen relaciones, por eso Salvador golpeaba la puerta en lugar de tocar el timbre. Me despedí de Blokita con un hasta luego. Entré a mi casa y miré el reloj, la manecilla de los minutos había avanzado 5 números.

Qué más da… quince minutos.


6 comentarios:

Angus dijo...

Me gusta.

Alhy dijo...

"El gato como pequeño tigre de salón
como la policia de las habitaciones
como sultán de los tejados eróticos... " decía Neruda.

Yo vivo con dos y puedo asegurar que están a medio camino entre ser duende y ser felino. Lo ven todo, lo intuyen todo, incluso ponen color a las emociones. No sólo saben si eres feliz, sino que pueden predecir tus futuros estados o movimientos. Son magicos...

Interesante texto. Que genial seria tener un coro gatuno :)

Un saludo ***

Carla dijo...

Me gusto mucho esta partecita de los gatos: " Serían lo contrario de los gallos: ellos cantarían para dormir " jaja , me encanto la idea.. un buen ofisio le has puesto a los pobres felinos..


Disfruta cada segundo que pasa de esos 15 minutos.

Bss!

el poder d mis palabras dijo...

me fascina
escribe mas
a menudo...

Carina Felice dijo...

amigo, que relato maravilloso.
de gran calidad....sinceramente, un placer leerte!
desde mi Lente, un abrazote :)

Anónimo dijo...

que te pasa microbio???

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