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2009-10-03

· Pollos asados y sociedades ahumadas

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El cielo, de miedo, terminó por esconderse tras las nubes negras. Cantidades inmensas de humo ascendían como hilos desde distintos puntos de la ciudad. Fue una rebelión silenciosa, de acciones no pensadas. El único sonido apreciable era el de las llamas ardiendo sobre madera y hojas verdes de árboles que al tiempo se perdían en la oscuridad del humo, que se sentía áspero en la nariz y ojos. La gente estaba asando pollos.
Díaz atrás, circuló en los periódicos locales una noticia que conmocionó al pueblo. Bajo anonimato, un civil reportó a las autoridades una casa ubicada por la calle octava, en la que supuestamente había algo sospechoso. Al principio no le creyeron, pero después de constante insistencia, las autoridades fueron y confirmaron las sospechas.
El domicilio lucía bastante normal y también deshabitado. Los policías entraron a investigar con pereza porque el aspecto inocente de la vivienda les hacía suponer que volverían vacíos. Había dos casas que se limitaron a ver desde las ventanas, de donde sólo se percibían cuartos y muebles empolvados. En el patio trasero del lugar había una pequeña bodega en la que sólo parecía haber herramientas bien acomodadas; pero justo en el centro, un tapete no concordaba con el contorno limpio que dibujaba en el piso. Al moverlo, encontraron una compuerta que abría paso a unas escaleras que descendían a unos metros del piso. Al final de ellas había una puerta grande, de metal y con un tronco que la mantenía cerrada. Abriéndola dieron con un cuarto aún más oscuro que el pasillo que hasta ahí conducía. Cuando encendieron sus lámparas, tras las rejas, los policías encontraron a cientos de personas.
Algunas ya estaban muertas y el hedor se había impregnado en el ambiente. Otras apenas podían moverse; y los más conscientes le temían a la luz cegadora. Quienes pudieron distinguir las placas de los policías pedían ayuda entre gritos y alaridos, con una voz tan sorda que era clara sólo cuando hablaban lo mismo en coro: “sáquennos de aquí”, “ayuda por favor”, “piedad”…
Rápidamente fueron llevados al exterior y atendidos, los aún vivos, por médicos. Todos ellos eran migrantes que pretendían cruzar a los Estados Unidos con ayuda de polleros. Los habían metido al furgón de un camión de mercancías, por grupos, apiñados en el espacio y encubiertos por sábanas y cajas. Pensando que partían hacia su destino, los llevaron a la casa en cuestión y fueron obligados, a base de violencia, a permanecer en el cuarto de donde fueron sacados, a perder la noción del tiempo y vivir hasta que el cuerpo y la mente lo permitieran. El trato era que los pasaran al otro lado de la frontera, pero sólo les quitaron el dinero y los apresaron en la oscuridad, donde no entraba ni luz ni comida, sólo más víctimas. Muchos comprendieron entonces que lo más importante era –y hubiera sido– volver con la gente que habían dejado atrás.
El pueblo se sacudió cuando los medios difundieron la noticia, pedían justicia a gritos. Pero poco después de una semana de lo ocurrido, cuando aún no había culpables y las autoridades ya se habían aburrido, la gente tomó el caso. Reunidos en agitadas multitudes prendieron fuego a aquella casa y todas las que, ahora en revuelta, los rebeldes delataban. El arrebato era tal que haber arrojado al fuego al guardia de una de las casas en llamas parecía correcto en el momento. El cielo estaba de luto y el pueblo loco por justicia.
Días después, nadie había olvidado el tumulto pero se evitaba recordar o hablar sobre ello. Las delegaciones se llenaban de sospechosos de ambos bandos; los cementerios de lápidas; los Santuarios de Juan Soldado rebosaban de velas y las calles estaban vacías. Para la sociedad, sobre todo para aquel sector que participó en el disturbio, todo quedó como una mal recuerdo, una experiencia convertida en pesadilla. Y se esconden de la adversidad tal como el cielo lo haría: tras largas cortinas de humo negro.


4 comentarios:

cynthea dijo...

Hola de nuevo :)
Estudio artes visuales, y tu?

Carla dijo...

Esto sí que ha sido un buen relato con misterio hasta rebalsar ,, jeje

Saludos!

Basurero Usurero dijo...

Se siente muy cargado tu texto, no fluye mucho. Suerte.

Livier dijo...

tienes buenas fotografías, eres o estudiar fotografía?

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Edgar Hernández. Tecnología de Blogger.