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2011-01-17

· La vida en una bala

Hola, gente. Hoy les comparto esta historia que escribí el fin de semana. Me extendí un muchito más de lo que esperaba, así que la publicaré en dos partes, empezando por el principio, y la segunda parte el viernes. Aquí se las dejo:

[ Parte 1 ]

No creí que terminaría de esta forma, o mejor dicho, no creí que terminaría ya, justo cuando adquiere sentido. Pero supongo que así es la vida, que la entiendes hasta que mueres. ¿Saben cuando la gente tiene una experiencia cercana a la muerte y dicen ver pasar su vida frente a sus ojos? Yo la miré en esta bala, que me acabó. Con esa retrospectiva, como esa gente, fue que comprendí. Maldita bala, me puso stop.
El disparo era el mismo sonido de autoridad que el de aquella vez, cuando mis padres murieron hace un par de años. Quién diría que moriríamos igual. Allá en el pueblo, de forma distinta y con una similitud absurda, también era pobre. Y mis padres trabajaron y trabajaron. Sobrevivimos sometidos a ese otro lado de dominación, de jerarquía monetaria. Porque sólo los grandes decían quiénes trabajan, en qué y cuánto ganan. Bastante primitivo, decían mis padres, diferente de la ciudad, a donde íbamos, aquí no. Trabajan-do constantemente como robot con esperanza, juntaron el dinero suficiente para largarnos, y en la huida, los jefes, quienes les pa-gaban, quienes los poseían, los de las armas, les dispararon. Y me escondieron antes, y me fui después.
“Que La Virgencita te acompañe”, me dijo. Tomó mi mano y puso en ella el dinero y una pequeña imagen de la virgencita susodicha, y me besó fuerte en la frente, y se fue a donde mi padre tenía una mirada desolada. Ese pedazo de cartón es el único recuerdo que tengo de ellos, y lo hubiera tirado de no ser así. Y es que siempre le rezaban a ella, y nada. Y cuando sucedió, pues pasó aquello. Por eso continúo llamando “coincidencia”, y no “milagro”, a encontrarme, luego de caminar casi dos días en el bosque, a aquel padrecito que me llevó a la ciudad vestido de monaguillo, encubierto. Fue un largo camino hasta el puerto, luego por agua, luego otro camino, más largo, a la ciudad.
En el trayecto le conté más de lo que pasó, y él, terco, insistía en que sí se trataba de un milagro. Camino a la iglesia comentaba muy alegre de cómo ahí yo iba a estar bien, porque no podría regresar o ir a la ciudad que iba, porque me encontrarían, porque La Virgencita me puso en su camino. Sus ojos expresaban la misma fe con que mi madre hablaba de la ciudad. Por éso me convencí, cuando nos asaltaron y a él le dispararon y a mí me quitaron el dinero, de que La Virgencita no quiere a los pobres. Y este disparo, no obstante, sonaba distinto, sonaba a rebelión, a libertad.
Tiempo después me adoptaría ese movimiento. Había pasado varios días haciendo trabajos en la calle, y aquella vez estaba cansado y sentado en el asfalto, la gorra en el suelo ya tenía unas monedas. Raspaba el rostro de la imagen de la Virgen, su cara, por santa que fuera, nada más me generaba el coraje de una vida miserable donde la única esperanza es una ilusión, y después de la ilusión la miseria persiste, pero no la esperanza. Y entonces apareció ella. Se quedó parada frente a mí un momento, tapán-dome el sol. Cuando la miré, las marcas en su rostro pintaban la misma desdicha que en el mío, pero sus expresiones eran un pedazo de cielo. María, se llamaba.


8 comentarios:

Un tipo dijo...

Ummh, no se ve tan larga, ¿verdad? haha.
En Word se veía distinto, y eso que las hojas son más grandes.
¿Será por el buen diseño del blog :3?
Hahahaha sale pues, no u_u.


¡Saludos!

Lola Sanabria dijo...

No, no se ve tan larga la historia, aunque es de largo recorrido pues está hablando de toda una vida de pobreza.

Me gustó, Edgar. Quedo a la espera de la segunda parte.

Besos mañaneros.

Elena Lechuga dijo...

esperamos la segunda parte para verlo completo...

Kamila dijo...

Espero la segunda parte.
Ps. Me encantó el comentario para dejar un comentario: "Pasar desapercibido es como estar muerto. Aprovecha: es gratis. :)" Jajaja.
Saludos.

Johnny dijo...

Muy bien¡¡¡Esta genial¡¡¡

Lady Godiva dijo...

Es una narración muy buena, fluida y con una connotación social interesante. Si la quieres ver más larga, lo que puedes hacer es detenerte en las secuencias e ir describiendo un poco más sobre cada instante.

A mí me gusta como se ve.
Saludos!

[abriL g karera] dijo...

Yo también espero la segunda parte :)

Siento que puedo intuit algo sobre lo que sigue jojo, pero mejor me espero.

Saludos n.n

Un tipo dijo...

@Lola: sí, Lola, así la vida parece interminable.

@Elena: des luego :)

@Kamila: jajá, aquí pueden vivir "gratis", :P

@Johnny: gracias, espero puedas leer la continuación :)

@Godiva: es bueno saber que si es fluida; y al contrario, la quería hacer más corta, pero me pasé. Lo que no me gusta es que las entradas en el blog se vean "pesadas", soy algo especial en cosas así, y me contradigo, jajá.

@Abril: bueno, pero si intuye bien, igual actúa como que no, ¿sale? :P


Saludos fraternales :]

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Edgar Hernández. Tecnología de Blogger.