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2009-06-24

· Desligue visual


Hace un tiempo soñé que soñaba, en mi sueño había chocado con un poste y seguramente soñaría durante el estado de inconsciencia. Lo que soñé, aquí carece de importancia. Lo que nos interesa es lo que vino después, al despertar, cuando mis párpados se distanciaron y logré ver un resplandor cegador. Era la ventana frente a la que duermo, o mejor dicho, el fúlgido destello de luz que la atravesaba. Cerré los ojos de nuevo, no porque la luz me cegara (que lo hacía) o porque quería dormir los típicos cinco minutos; lo hice porque, por un momento, pensé que la luz vino después del choque con el poste, que seguía soñando, pues. Cerré los ojos y los abrí de nuevo porque quería saber si había despertado de ‘verdad’.
Fue cuando me percaté de nuestra maldición visual: estamos humanamente condicionados a creer real sólo a lo que ven nuestros ojos. Esas dos canicas inpensantes nos dicen lo que es y lo que no, y la especie más inteligente les cree. Y yo, con adeptos a la mitomanía usé mis ojos para ver lo real. En aquel momento olvidé soñar y me incliné por lo real. Sentí antipatía momentánea por mis mediadores visuales y los mantuve cerrados hasta que me vi obligado a levantarme, sinceramente no me creí capaz de dirigirme a algún lugar sin ver: choco incluso cuando veo. Seguí pensando en ello el resto del día. Me traumo con ese tipo de cosas.
Desde que supe que nuestro cerebro interpreta lo que nuestros ojos captan, me dediqué a desfigurar dichas interpretaciones. Creí en cosas fantásticas y me propuse formular un paradigma. Todo porque las concepciones mundanas eran aburridas, ahogadas en la lógica y en realidades visuales. Olvidamos tener fe. Incluso decimos cosas como “ver para creer”. Y los intelectuales necesitan evidencias irrefutables para confirmar las realidades. Y cuando estuvimos seguros de ver algo que no está ahí, le llamamos “ilusión”, y le creemos más a los ojos que nuestra mente. Y cínicamente nos llamamos conscientes.
Y después “progresamos”, y para afirmar lo que el ojo humano no puede ver, creamos aparatos: micros y telescopios, máquinas de rayos x, medidores de un sin fin de cosas… y creemos lo que estos objetos nos dicen. Y si alguna vez llega a ser ‘ilógico’, decimos: no sirve. La gente no le creía a Moisés hasta que este hizo con su bastón cosas visibles. Nuestros ojos nos cegaron. Cinco, cinco sentidos, ¿para qué? ¿Para limitarnos? Neh. Nosotros nos limitamos utilizando estas herramientas de forma juiciosa.
Cada quien ve lo que quiere y no hay peor ciego que el que no quiere ver. Son dos frases que pienso analógicamente desde entonces. Más allá de ideas y pensamientos que bullen en espacios sin confines, sé que peor es no vivir los sueños, porque limitar la mente es obstaculizar el mundo. En algún lugar escuché que sentimos con la mente y no con el corazón –después lo comprobaría–. Naturalmente, otro punto a mi paradigma. Y firmemente y con mucha convicción digo que con la mente miramos también. Sí, ni ojos ni oídos, ni tacto u olfato, ¡ni corazón! Mente, mente, mente…
Suele ocurrir que personas posean ceguera innata. Otras ocasiones, se tiene la capacidad visual y luego se pierde. Sería interesante conocer lo que hay en la mente de alguien que jamás ha visto algo. Ellos desean ver. Yo no pido ser ciego; sólo propongo no ver con los ojos. Nos condenamos desde que le otorgamos forma a las ideas, a partir de que le asignamos a cada esencia un atributo distintivo. Eso le pasó a Julieta, a quien un apellido le obstruyó el camino. Y nuestros ojos contribuyen a distinguir lo real de lo irreal.
Podemos parpadear, qué padre. Es algo que me da gusto hacer desde lo sucedido, siento que tengo el control de estos visores. Puedo cerrar mis ojos para dar un cálido y satisfactorio suspiro, y cuando los abro, veo nada. Es como “estar en la nubes”, sí, igual que cuando estás en clase pero tus ojos no ven la pizarra y tus oídos no escuchan al profe. En cambio, mientras tengo los ojos cerrados, puedo ver todo. Me parece increíble que, después de haber visto tanto, haya olvidado lo hermoso que es parpadear.
Finalmente, puedo ver con tranquilidad, ya no con los ojos, éstos sólo me dicen los ingredientes, pero no pueden cocinar. Soy el único creador del dulce platillo de la realidad, una realidad que se prepara sin receta, ¿cómo si no de esta forma? En tiempos prehistóricos, la naturaleza, cansada de la estupidez humana, lanzó un rayo para que después aprendiéramos a crear fuego. Si los trogloditas no hubiesen visto, su única alternativa para obtener este elemento habría sido esclavizar dragones. Hoy, de muchas formas nos expresa lo que no vemos; algunos se percatan de ello, otros siguen ciegos (es un buen ejemplo de cómo desperdiciar los ojos).
Ahora trato de no seguir ese camino. A forma de enmienda, pego mis párpados, para acordarme de que hay un más de lo que reflejan estos cristales, de que “lo esencial es invisible para los ojos” (Antoine de Saint Exúpery). Para evitar olvidar que los ojos son pintura, para recordar que la mente es un pincel, que el mundo es un cuadro, y que yo soy el artista.


2 comentarios:

Carina Felice dijo...

por eso elijo mirar "a traves de mi lente" pero con la conviccion de que unicamente yo se lo que quise atrapar en ese click.
Magnifica forma de contarlo, hombre!me gusta.

Ghostyaya dijo...

"choco incluso cuando veo", jaja..XDDD
buena reflexion agente K
sabias que me gusta como escribes?

XD
nuestra realidad está sometida a lo que consideramos real e irreal, de ahí que cada mente sea única y la percepción de la vida sea distinta


felicidades!

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