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2010-03-09

· Keniedades

“Periodistas –pensé, luego de seguir subrepticiamente al profesor Ángel Ruíz por unos momentos–, no sé qué les mueve más, si el café o la información”.  La esperanza de que fuera mi noticia cedió a la ausencia de un recuerdo sobre él compartiendo su vicio. Entonces me detuve y giré la vista en busca de ‘La historia’, y ahí estaba Kenia, sentada solita en el desolado edificio 19 en la Facultad de Humanidades, esperando que fuera a empujarla. Se trataba de un suéter de color y lentes que, aún en el lugar desierto, pasaba desapercibido, de modo que resolví hacerlo notar.
Recién me le acerqué me preguntó de qué podría ella hacer su crónica. “O-mai-ga’, va conmigo en periodismo”, noté. ¿Cómo no estaba enterado? De cualquier modo, esto sería de mi suerte, es decir, podría retorcer todo a mi favor al modo de los gobernadores: los reporteros se preocupan por nuestra sociedad, pero ¿quién ve por nuestros reporteros? Decidí que sería yo, y empezaría con Kenia, distrayéndola haciéndole preguntas mientras ella intentaba escribir su crónica.
Chismeábamos sobre cómo aprovechó su tiempo de observación anterior a la redacción de su escrito para ir a sacar copias, sobre las tareas de la optativa de Géneros Limítrofes y la asignatura de Institución… ¿Me creerían si les digo que también vamos juntos en la clase de Erika y sí, tampoco lo sabía? Y uno cree conocer a las personas… En fin, cuando abrió su rosada libreta y encontró la página donde escribiría, tenía esta una fecha atrasada en la parte superior, y el resto de la página estaba en blanco. Tengo varias hojas igual a esa, de cuando un profesor inicia hablando de forma que pareciera va a dar una clase chingona y al final la única anotación es la fecha… y somos buenísimos recordando fechas.
Ya escribiendo, vio en mí materia de diccionario y me preguntó sinónimos de algunas palabras. Una nomás, pues. “¿Por qué no escribes sobre tu ida a sacar copias?”, pregunté. “De eso la estoy haciendo”, respondió, con un tono que me marcaba obviedad en el tema de su crónica y cualidad de miope en mí. “U-uy no me grites”, le dije, intentando calmarla… chola esta.
Hubo un breve silencio. Hubiera aprovechado para observarla y describirla físicamente pero ya saben cómo son las mujeres: o te quedas muy corto o le exageras demasiado. Inexplicablemente femenino. “Tengo ganas de hacer pipí”, me… ¿informó? Y al sugerirle ir me  aclaró que en efecto sí, tenía ganas de hacer pipí, pero no. “¿Si sabes cómo?”. Obviamente era otro tipo de sensación femenina lejana a mi comprensión. “Es que sí tengo ganas, pero si voy, no voy a poder hacer”, concluyó.
Los lapsos de silencio eran cada vez más breves. Nos invadió la idea de regresar al salón pero no habíamos visto regresar al profe. Al edificio ya lo visitaba más gente: dos muchachas que conversaban a unos metros de nosotros, el conserje que sí trabaja y el webón que nunca hace nada, según Kenia, y una banca verde bajo los árboles que no había visto. “¡Ay, está bien, iré al baño!”, irrumpió en voz entusiasmada la compañera, dirigiéndose luego hacia allá.
En mi singularidad aproveché para buscar algún dato valioso y, por qué no, insólito, dentro de su bolso. El interior se me hacía familiar porque bueno… ya lo había revisado anteriormente. Hoy traía una revista de cosméticos y así, y una lista con datos referentes a estos productos. Me formulaba hipótesis: es mercenaria o consumidora. Luego me confesaría que la mercenaria es su señora madre, y que sólo buscaba el regalo adecuado para que ésta le diera en su cumpleaños.
 “Sí pude”, me dijo contenta al regresar. Se refería a que sí pudo hacer pipí. Yo no soy escéptico ni nada por el estilo, pero me hizo saber que “sólo es cuestión de ganas”. Tratando de seguir con mi investigación e interrumpiendo la suya, le compartí mi duda sobre si hay mensajes en el baño de las mujeres tal como había visto en algunos programas de televisión, sobre chismes y conspiraciones feministas, a lo que me contestó que no, y apenas le vino a la mente, me habló sobre su sueño de ir al Chess y escribir en las paredes rayadas “Kenia no estuvo aquí”.
 “En la secundaria sí lo hacíamos”, recuerda, volviendo al tema de la información filtrada en los baños de damas. Percibiendo que se tornaba nostálgica hablando de sus épocas secundarianas, le aviso que el profesor ya regresó y que deberíamos regresar. Así lo hicimos.
―¿En serio vas a escribir sobre mí?
―Ya vez, todo por no correrme.


5 comentarios:

Carina Felice dijo...

uno de tus mejores relatos. Un clima distendido, el de ellos, y mucha eletricididad en el aire!
me gusta mucho K! genial.
Saludotes!

Fernando Rafael dijo...

Uff señor, ya sabe que me encantan sus escritos. Cuando leyó en clase, me agradó y ahora aún más :)

Liderazgo humano dijo...

Edgar, he disfrutado bastante el estilo de tu escrito... Gracias por compartir lo que tus sentidos son capaces de expresar. Un saludo Joel

Ghostyaya dijo...

Agente K. Una vez más me has dejado impresionada.
Algún día seré como usté..xDD
buen texto..

Saludos. ♥

Camaleona dijo...

Los baños SI están llenos de conspiraciones femeninas... que no te engañen.

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